“Parece chiste, pero es anécdota”. Así reza una de las frases más usadas en la red para describir situaciones inverosímiles o surreales, que suenan a broma, pero que llevan una fuerte carga de verdad. Pues en esta ocasión hablaremos de una situación que se adapta perfectamente a este precepto, la transformación digital y la disrupción en el trabajo.

Desde hace algunos años, pocas empresas -para cumplir su cuota de disrupción/innovación laboral- se aventuraban a permitir la práctica del home office un día a la semana, pero casi ninguna usaba esquemas de trabajo 100% remoto, esas eran prácticas demasiado futuristas, que ocurrían en el primer mundo, pero no aquí. ¿Por qué? Creo que la respuesta tiene que ver con la premisa cultural “Si no te veo en tu escritorio, no lo estás haciendo” y es que para muchas empresas era más válido tenerte 8 horas en la oficina haciendo nada que 4 en tu casa siendo la persona más productiva.

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Si pudiéramos contar las pocas cosas buenas que el 2020 nos ha dejado -claro, hablando dentro de nuestro campo de acción-, creo que podríamos enumerar la explosión del comercio electrónico, la disrupción laboral y la transformación digital. Estoy convencido que, si hubiéramos seguido caminando al ritmo que íbamos, estas reformas nos hubieran tomado como mínimo 10 años más o quizá simplemente no las hubiéramos visto llegar.

Intempestivamente y sin poderlo prever, desde marzo de este año millones de trabajadores en todo el mundo se vieron forzados a cambiar sus dinámicas laborales de la noche a la mañana. Nadie estaba preparado para esto, ni los empleados, ni mucho menos las empresas. En los primeros meses de esta larga cuarentena grandes corporativos y PyMES tuvieron que lidiar con un sinfín de inconvenientes, desde la sobrecarga en la infraestructura, problemas de acceso por configuraciones erróneas, fallas en la compatibilidad de los equipos, etc. Sin embargo, una de las más grandes complicaciones no tenía que ver con unos y ceros, sino con el capital humano, los colaboradores no estaban acostumbrados a trabajar de forma remota, muchos desconocían el uso de herramientas de colaboración y aunado a esto pocos o ninguno de los procesos dentro de las empresas se encontraba digitalizado.

Zoom, Meet, Teams, Slack, Monday, Trello, Meister task, Paymo, WeTransfer eran nombres desconocidos para un gran porcentaje de colaboradores, hasta este año, y es que la crisis de salud mundial provocada por el COVID-19 nos metió a un curso intensivo de herramientas de trabajo y colaboración remota, donde tuvimos que aprender como mínimo un par de habilidades para sobrevivir en el nuevo entorno laboral.

Ya estamos adentro ¿Qué sigue?

Si bien es cierto que en estos meses se logró un gran avance en el camino hacia la transformación digital y la disrupción laboral (que en otras circunstancias nos hubiera llevado mucho más tiempo), también es cierto que esta transformación ya generó nuevos retos, ya sea tecnológicos, logísticos, hasta los referentes en materia de la legislación laboral, pues esta se tuvo que adaptar también a las circunstancias que ahora viven los colaboradores.  Creo que antes de seguir avanzando con esta transformación debemos atender y solucionar de inmediato todos los desafíos que se están presentando, pues de no hacerlo,  estos podrían llegar a afectar tanto a las empresas como a sus colaboradores, obligando a ambos a desarrollar sistemas y procesos híbridos no digitales al 100%, donde al final,  ni la empresa, ni los empleados se sienten satisfechos completamente, lo cual a la larga podría incentivar a las empresas a tomar la decisión de regresar sus viejas prácticas, echando por la borda todo lo que se logró en este año.

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Consultor de Innovación Tecnológica. Entusiasta de la transformación digital y la disrupción en la naturaleza del trabajo. Seguidor del Blockchain/Crypto. Trader amateur. Nunca pensé que ser "geek" sería una moda.